Publicado el 01/04/08 por Angharad Valdivia bajo Perspectivas

GÉNERO Y CONSUMISMO EN LA TELEVISIÓN INFANTIL COMERCIAL CONTEMPORÁNEA. por Angharad Valdivia

Ha llegado el tiempo propicio para que aquellos que trabajan en infancia y televisión, ya sean ellos productores o académicos, comiencen a re pensar su acercamiento y las bases de su trabajo. Atendiendo al taller recientemente llevado a cabo en Los Ángeles, California, bajo el auspicio del Instituto Geena Davis sobre Género y Medios (http://www.thegeenadavisinstitute.org/), algunos de los participantes fuimos testigos de la reiteración de dos dogmas que subyacen a la producción de televisión comercial infantil, y que por extensión, prueban ser poderosamente influyentes en la televisión infantil mundial.  Estos son los siguientes:

Las niñas ven programas para niños, pero los niños no ven programas para niñas.
Las niñas pueden construir una narrativa y contar una historia acerca de cualquier juguete u objeto, pero los niños no pueden. Por lo tanto, los programas de televisión son producidos para crear una historia en la cual los niños puedan entender como jugar con los juguetes en venta – tales como Power Rangers, Pokemón, Los Pitufos, etc.
El resultado de estos dos dogmas es que una mayor cantidad de televisión destinada a los niños es producida en comparación con la televisión cuyo target son las niñas. Esto significa que hay una mayor representación de los niños y que son más habitualmente protagonistas, en una amplia variedad de situaciones y capacidades. Como siempre, ha llegado el tiempo de avanzar. En primer lugar, me gustaría ver alguna investigación que realmente muestre que las niñas quieren ver programas de niños y no viceversa. Asumiendo que mi propia experiencia no es representativa, puedo decir todos los niños que he conocido han estado alguna vez interesado en la programación infantil para niñas. Algunas veces es un interés escondido, ya que se supone que los niños no debieran tener ese interés, pero existe.  Por otra parte, tal vez la única razón por la cual las niñas ven programación para niños no sea que a ellas les guste, si no que simplemente no tienen otra alternativa. De hecho la investigación feminista ha dejado al descubierto de manera persistente narrativas de niñas tomando la programación para niños e imaginando una niña protagonista, precisamente porque no tienen otra alternativa. En el mismo sentido, una de las razones más probables de que los niños no vean programación para niñas es que no existe. En segundo lugar, la parte del dogma nº2 acerca de que los niños no pueden construir su propia narrativa de juego subestima a los niños también. De hecho ambos dogmas no tratan a los niños como seres inteligentes, como en realidad la mayoría de ellos lo es. Ni los niños ni las niñas son tontos sin discernimiento. Que la televisión infantil comercial es habitualmente acerca de productos no puede opacar el que niños y niñas son seres inteligentes y consumidores cada vez más hábiles. Sería difícil crecer en nuestra cultura híper consumista sin desarrollar habilidades básicas para enfrentar esta situación.¿A donde nos lleva todo esto? Idealmente algunos de nosotros deseamos un futuro utópico donde el consumismo no impere. Aunque sabemos que es difícil que esto pueda suceder en el futuro cercano, lo que no nos impide intentar cambiar el futuro. De la misma manera, y desde un punto de vista feminista, muchos de nosotros nos gustaría ver una cultura mucho menos diferenciada por género – una donde los niños no son necesariamente asociados con agresión y dominación y las niñas con muñecas y la esfera doméstica. En esto yo veo más esperanzas inmediatas que en la anterior visión anti consumista. De hecho, la forma en que el género está siendo reconciliado es precisamente a través del consumo. Los últimos éxitos mundiales de Disney, Hannah Montanta y High School Musical (2006 y 2007) son una celebración del híper consumo y están acompañados de una gran cantidad de merchandising. Bratz, la línea de productos que a desplazado a Barbie como la muñeca imperante en las décadas pasadas, está compuesta por un grupo de niñas cuyo slogan es “niñas con pasión por la moda”. La moda, por supuesto, es una pasión que solo puede ser satisfecha en el mall. Las niñas están respondiendo a una nueva ola de niñas híper consumistas, mientras los niños están viendo shows en que participan niñas[1].  Por supuesto, no todos los niños y las niñas se suben al carro del consumismo. De hecho globalmente muchos no pueden. Pero aquellos que no pueden, no están necesariamente en el radar de los productores de televisión infantil comercial cuyo objetivo principal – enfrentémoslo- es para producir ventas de productos asociados. Niñas de edades cada vez menores se integran al consumismo de formas marcadas por diferencias tradicionales de género, a través del deseo y obtención de juguetes, ropa, cosméticos, y otras formas de moda ha generado una nueva ola de programas de televisión. La teoría sobre los medios nos muestra que la televisión no es un agente causal en este fenómeno, pero si un factor que contribuye como parte de la cultura. Los niños y particularmente las niñas crecen en una cultura consumista. El Presidente Bush les dijo a los ciudadanos estadounidenses después del atentado a las Torres Gemelas que era su deber patriótico volver a consumir como manera de restaurar la seguridad nacional y la fortaleza. Este es el contexto de la producción y consumo de la televisión infantil comercial. Incluso la llamada televisión pública en los Estados Unidos está inmersa de mensajes corporativos y ciertamente bajo la influencia de patrocinadores privados. A pesar de este contexto, aparecen brillantes momentos de innovación en la televisión infantil. Al hablar con muchos productores de televisión se revela un camino de compromiso, a veces feminista, y a veces radical. Estos comunicadores son forzados a trabajar bajo justos pero no completamente flexibles regímenes de producción.Como consideramos por ejemplo a Bob Esponja? Me hubiera gustado estar presente cuando ese show fue propuesto. ¿Un programa acerca de una esponja submarina llamada Bob? ¿Cómo lo tomarían niños y niñas? ¿Por qué la audiencia global estaría interesada? Sin embargo este es un programa de alta audiencia alrededor del mundo, el cual le gusta a niños y niñas, y cuyos productos asociados aun no han alcanzado el límite de su merchandising. No debe ser ignorado que, si bien Disney se impone como líder en el mercado, tiene también programas brillantes e interesantes. Mientras yo podría argumentar que Hanna Montana se encuentra anclada en una forma tradicional de feminidad y, si, ¡¿es que no podían encontrar una niña menos delgada para el papel principal?!  Disney ha sido también el origen de Lizzie Macguire, That’s so Raven!, High School Musical, Cheetah Girls y Jump In!- todos ellos programas que exhiben niñas en roles diversos, como protagonistas, asertivas, inteligentes y con atención a temas como raza, etnicidad y clases sociales. Los mejores amigos de Lizzie son una niña latina, Miranda, y un niño judío llamado Gordo. Lizzie trata de sobrevivir en el campo minado que es la escuela secundaria. Raven es una niña afroamericana que no encaja en el ideal de niña delgada. En High School Musical a un rango de niños y niñas diferentes en términos de raza, condiciones físicas e intereses, tratan de encontrar espacios comunes. Las Cheeta Girls trata acerca de las relaciones inter raciales y entre clases sociales. Y en Jump In! las niñas son lideres y boxeadoras, y el niño se une a un equipo de saltadores de cuerda. Con excepción de Jump In! gran parte de la tensión de estos programas es resuelta a través del consumo. Por ejemplo, en Cheetah Girls la crisis de identidad de la niña adoptada es resuelta por un abrigo de diseñador regalado por su amiga millonaria. No debiera sorprendernos, después de todo Disney escribió el libro acerca de la sinergia y la convergencia. Aun así, el punto es que los programas de Disney muestran tanto niñas como niños como protagonistas, donde las niñas aparecen de manera bastante clara en ese rol. De hecho, la investigación sugiere que a través de la construcción de la categoría tween – esto es, basada en niñas pre adolescentes consumidoras- Disney logro convertirse en el canal líder en televisión infantil. En este punto los dogmas debe ser rechazados por lo que son – anticuadas fórmulas basadas en estereotipos que no son avalados por la investigación y la realidad. Esto no significa que estamos en una era post consumista en la cual los géneros son tratados de manera neutral – ciertamente no en la televisión comercial infantil que es por definición consumista. Estamos de cualquier manera en un punto donde nos hemos dado cuenta de que las niñas son parte de la audiencia. Es más, las niñas son inteligentes y activas participantes en nuestra cultura. Los niños tampoco pueden ser disminuidos como simplones a los que hay que decirles cómo jugar. Ambas concepciones debieran formar los nuevos dogmas sobre los cuales la televisión comercial infantil debiera ser producida. Esto debiera generar una TV más creativa, menos estereotipada, y de mejor calidad programación para niños y niñas. Esto podría liberar a muchos de aquellos productores restringidos por el set de dogmas previamente revisado y podría ser un paso en la dirección correcta para crear un mundo mejor. Para deshacernos del consumismo, no podemos sin embargo focalizarnos exclusivamente en la TV.

Angharad N. Valdivia
Profesora-Investigadora en Comunicación
Universidad de Illinois en Champaign-Urbana, EEUU

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