Publicado el 10/04/08 por Marianela Denegri C. bajo Perspectivas

PRACTICAS DE AHORRO EN LA INFANCIA. ¿QUÉ ESTAMOS ENSEÑANDO LOS PADRES? por Marianela Denegri

En esta reflexión nos centraremos específicamente en las prácticas de ahorro y acceso al dinero en los Tweens (8 a 13 años) de distintos niveles socioeconómicos, por el impacto que tiene la instalación de tempranas prácticas de consumo en el posterior comportamiento económico adulto.

La mayor tendencia al ahorro la manifiestan los niños de nivel socioeconómico alto, siendo una práctica regular y, sistemática con diversos medios que van desde la clásica alcancía, hasta instrumentos financieros como la libreta de ahorro bancaria. con una conceptualización del ahorro como mecanismo de planificación financiera tanto a corto como largo.Una hipótesis que puede explicar este resultado se vincula a las pautas de socialización económica entregadas por los padres a través de la conversación constante sobre el ahorro y cuidado del dinero , el ejemplo de las formas de administración del patrimonio familiar así como el uso de prácticas explícitas de entrega de una mesada regular y monitoreo del ahorro tanto en la alcancía como en la libreta bancaria.. Una práctica esencial es la entrega de mesada regular la que influye en la capacidad de postergación de los impulsos de compra inmediata y favorece la planificación y el ahorro organizado orientado a la satisfacción posterior, Al recibir mesada los niños tienden a tener una mayor sensación de autocontrol y de satisfacción con su situación financiera que aquellos que reciben dinero circunstancialmente o cuando lo piden, esto aumentaría además sus sentimientos de auto eficacia al sentirse capaces de planificar el ahorro, y lograr sus metas tras reunir el dinero que se han fijado como objetivo previo.

Comparativamente, los niños del nivel socioeconómico medio presentan en general una baja tendencia al ahorro, con un uso ineficiente e irregular de la alcancía, la cuál constituye más bien un símil de monedero y no una práctica de ahorro efectiva. a la vez que un escaso ahorro bancario. Llama la atención que varios de los niños reportan que han tenido o tienen “varias alcancías” pero no saben que ha pasado con ellas ya que tenderían al gasto inmediato del dinero que reciben de sus padres. Esto nos permite inferir que los tweens de este estrato serían aparentemente consumidores más impulsivos que sus pares de los otros niveles socioeconómicos Ello concuerda con nuestras investigaciones de las pautas de socialización económica en la clase media donde queda en evidencia que los padres de este estrato no estimulan conductas concretas de ahorro aún cuando en su discurso los valores de austeridad están presentes, dan dinero cada vez que los niños lo piden y por tanto no incorporan la práctica de la mesada sistemática y no fijan metas de comportamiento financiero puesto que tienden a satisfacer la mayoría de las peticiones de los niños. En dichos estudios se señala además que a pesar de que los padres dicen socializar por medio de “enseñar a comprar” y “ahorrar”, dichas enseñanzas no son percibidas por los niños. En el estudio actual, los niños reconocen un discurso permanente de los padres acerca de la “importancia del ahorro” que pareciese no tener efecto y prácticas de “enseñar a comprar” que se traduce más bien en “ir de compras” con sus padres. Esta distinción es importante porque al profundizar en las entrevistas se observa que dicha enseñanza no se traduce en conductas de consumo racionales y efectivas sino más bien en patrones de compra impulsiva muy poco modulados por los padres, como lo expresan algunos de los entrevistados lo veo, lo quiero y lo compro y mis papas me apoyan en lo que decido..

En el NSE bajo y a pesar de la escasez de recursos, dado que estos niños manejan en promedio cantidades de dinero bastante inferiores a las de los otros estratos, hay una alta tendencia al ahorro en general, donde la alcancía es utilizada como un medio para ahorrar cantidades pequeñas. Este dinero debe estar disponible rápidamente tanto para el niño como para las necesidades familiares, lo que se combina con la práctica de pedir a los padres que guarden el dinero, como una especie de banco hogareño con propósitos a corto plazo. En este caso también observamos un patrón de “adultización” más temprana en el sentido que los niños sienten que tienen la obligación de destinar sus recursos a las necesidades familiares con dinero muchas veces auto generado fuera del seno familiar en actividades de trabajo infantil.

Finalmente, al comparar las fuentes de obtención de dinero de los niños de los distintos estratos, es evidente que la principal vía de acceso son los padres y otros familiares, aunque en algunos casos se aprecian otras formas con mayor participación de los propios niños en su generación. Así, en el segmento alto es donde se observa un mayor porcentaje de actividades autogestionadas por los propios niños (venta de ropa, grabación de Cds, elaboración de artesanías como pulsera, colets y otras) que les permiten obtener dinero que administran libremente. Este es un dato interesante porque marca un patrón de emprendimiento que es bastante menor en el segmento medio y está casi ausente en los niños del NSE Bajo, observándose en varios de ellos el desempeño de actividades de trabajo infantil dependiente e informal más que de emprendimiento, por su esta actividad está ausente en los otros estratos. Estaríamos así frente a un fenómeno de transmisión intergeneracional de pautas de gestión del dinero, donde los niños de NSE alto reproducen las prácticas de generación y acumulación de capital que ven en sus propias familias y los niños de NSE bajo, los patrones de dependencia y subordinación laboral que también están presentes en sus familias.

En general, los resultados además destacan que la socialización económica, el fomento al ahorro y a la independencia financiera es más eficiente en la clase alta y bastante rudimentaria en los otros estratos. Especialmente preocupante es el caso de la clase media donde se observan profundas discrepancia entre el discurso valórico de los padres y sus prácticas de socialización económica así como la presencia en los propios niños de patrones de consumo tempranamente más impulsivos que en los otros estratos , con escasa capacidad de tolerancia a la frustración representada en una sensación colectiva de la “obligatoriedad” que tienen los padres de satisfacer sus necesidades porque eso “hace un buen padre o madre”. Este es un tema interesante porque nos lleva a preguntarnos ¿es esto lo queremos para nuestros niños?, ¿estamos efectivamente mostrando que el amor parental se demuestra a través del consumo?, evidentemente es un llamado a la reflexión familiar y también social.

En relación a las prácticas de uso del dinero, queda en evidencia que los gastos personales son señalados como uno de los destinos principales de uso de los recursos monetarios, sin embargo, lo que es conceptualizado en uno u otro NSE como gasto pequeño difiere en algunas características y se asemeja en otras. Las semejanzas se refieren principalmente al gasto en golosinas, ya que los niños y niñas de todos los niveles socioeconómicos, adquieren el mismo tipo de golosinas, en cuanto a marcas, calidad y precio. Esto podría estar influenciado por la oferta de dichos productos en los contextos que frecuenta el niño (quiosco de la escuela/colegio, almacenes del barrio, supermercado, etc.) y la publicidad en los medios de comunicación. Por otra parte, difieren en la adquisición de otros artículos destinados a mejorar la apariencia personal en las niñas (aros, coles, entre otros) y de recreación en los niños (láminas, juguetes pequeños, Cds.) principalmente vinculados a las características de calidad y precio de estos artículos. Así, mientras que en el NSE alto es conceptualizado como gasto pequeño y por lo tanto con posibilidad de ser adquirido de forma inmediata, en el NSE bajo muchas veces el incurrir en dichos gastos implica una conducta de ahorro previa dada principalmente por la escasa disponibilidad de recursos, transformándose en una práctica de ahorro a corto plazo pero orientada a la consecución de artículos que para los niños de los otros segmentos económicos son cotidianos, transformándose así en otro indicador de segregación social en la infancia.
Por su parte, el NSE alto es quien más incurre en gastos por concepto de diversión a diferencia del NSE medio y bajo. Es evidente que los niños de este NSE cuentan con una mayor disponibilidad de recursos otorgados por los padres ya sea en forma de mesada regular y además aportes en ocasiones especiales (navidad o premios al comportamiento) lo que sumado a prácticas de ahorro más regulares y sistemáticas, les permiten una mayor planificación de sus gastos, y por tanto, mayores oportunidades de consumo. Sin embargo, no son estas las únicas fuentes de acceso al dinero de estos niños, dado que es en este segmento donde se observa un mayor porcentaje de actividades autogestionadas por los propios niños (venta de ropa, grabación de Cds, elaboración de artesanías como pulsera, colets y otras) que les permiten obtener dinero que administran libremente. Este es un dato interesante porque marca un patrón de emprendimiento que es bastante menor en el segmento medio y está casi ausente en los niños del NSE Bajo. Es probable que en este último caso, los niños desempeñen actividades laborales más que de emprendimiento. Estaríamos en este caso frente a un fenómeno de transmisión intergeneracional de pautas de gestión del dinero, donde los niños de NSE alto reproducen las prácticas de generación y acumulación de capital que ven en sus propias familias y los niños de NSE bajo, los patrones de dependencia y subordinación laboral que también están presentes en sus familias (Denegri y col. 2006)

Otro hallazgo de este estudio lo constituye el uso que dan los niños del NSE bajo a su dinero en gastos familiares y de alimentación, lo que es prácticamente exclusivo de los varones quienes cumplirían tempranamente un rol de proveedores de algunas de las necesidades del grupo familiar manifestando con ello otra práctica de perpetuación de los roles de género tradicionales. Así, este abordaje de parte de los gastos familiares y/o de alimentación, constituye un aporte a la economía familiar y no a un préstamo de dinero a los padres, con dinero muchas veces generado por los propios niños fuera del seno familiar en actividades de trabajo infantil. Surge así, una diferenciación en cuanto a la noción de economía entre el NSE bajo y los otros dos niveles socioeconómicos. Mientras que tanto en el NSE alto y medio las prácticas de ahorro, de acumulación y de gasto tienden a una economía centrada en lo individual y en gran parte satisfechas por los propios padres, en el NSE bajo éstas prácticas se dirigen a una economía de tipo familiar o comunitaria tendiente a la subsistencia del grupo familiar.

En este sentido, la escasez de recursos en las familias de NSE bajo si bien por un lado, podría fomentar en los niños la cooperación con otros, el desarrollo de una empatía familiar, la adecuación a las necesidades contextuales en que crece y el despliegue de habilidades en la administración del dinero escaso; por otra, podría limitar o ser un obstáculo en la satisfacción de necesidades y deseos individuales característicos de su edad y etapa de desarrollo, en pos de la satisfacción de responsabilidades familiares básicas que corresponde garantizar a los padres y que constituyen un derecho para los niños y niñas. Este es un aspecto pendiente aún de investigar y que debería ser abordado en futuros estudios.

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