SOCIALIZACIÓN PARA EL CONSUMO por Marianela Denegri
Antes de llegar a comprender la complejidad del mundo de la economía, los niños ya han observado y probablemente imitado una gran cantidad de estereotipos acerca del consumo usados por los adultos y ya han tenido experiencia directa, a un nivel simple, con una amplia variedad de actividades del consumidor. Esta experiencia aumenta durante los años escolares durante los cuales los niños adquieren valores, actitudes, normas, habilidades y roles que pueden llevar tanto a conductas adecuadas como a problemas de hábito de consumo y a valores negativos como el consumismo.
Por otra parte, los medios de comunicación de masas y las autopistas de información (Internet), se han convertido en una fuente de influencia e información personal que acompaña, modela y, a veces, suple las tradicionales como la familia y las instituciones educativas. A través de ellos se perciben realidades normalmente inaccesibles o alejadas, por consiguiente, enseña a necesitar, desear y terminar amando a personas y cosas.
Así, los niños y jóvenes adquieren la mayoría de las informaciones y conductas como consumidores de modo informal, ya sea copiando la experiencia a sus padres y de sus pares, y/o por influencia de los medios de comunicación de masas. Sin embargo, a pesar que la familia es la que aparentemente ejerce mayor influencia en temas de consumo, por lo general no hay una preocupación explícita por fomentar hábitos y conductas adecuadas en ésta área. A su vez tampoco la educación formal incorpora el aprendizaje de destrezas económicas como un elemento educativo y ello aumenta el desarrollo errático y a la deriva de la alfabetización económica en niños y jóvenes, con el posterior impacto en su calidad de vida y en la de sus familias.
Ello señala la urgencia de insistir en la formación temprana de hábitos de consumo eficiente que proporcionarán las bases para que nuestros hijos no se vuelvan esclavos del consumismo. Para ello hay una serie de consejos útiles que nos pueden ayudar:�
1. Acostumbre a su familia a llevar una lista al supermercado antes de ir a comprar. Esa lista será confeccionada en casa y registrará todos los productos que se adquirirán. Nada que no esté en la lista podrá ser comprado: ello es un antídoto para la compra impulsiva.
2. Enseñe a sus hijos con el ejemplo. Muchas situaciones cotidianas se pueden utilizar para enseñar hábitos de consumo: la selección y compra de los alimentos o ropa, la elección de un regalo, el estudio de un catálogo antes de realizar una compra, el comentario de anuncios publicitarios, la distribución del presupuesto familiar, etc.
3. Otorgue autonomía creciente para el manejo del propio dinero, incentivando el ahorro para la compra de pequeños regalos, los hobbies o ropa de su gusto. Converse con los niños acerca de las decisiones que toman en diversas circunstancias, ayudándoles a razonar acerca de por qué se debe o no comprar, o si es mejor esperar, o ahorrar para adquirir otra cosa.
5. Proporcione una mesada estable de acuerdo a la edad del niño, esta debería comenzar a entregarse alrededor de los 8 años y destinarse a los gustos personales. Su periodicidad debería ser semanal para los más pequeños y mensual para los adolescentes. Debe quedar claro que si la mesada se gasta antes de la próxima entrega deberá esperarse y no se contará con ningún dinero adicional.
6. No es conveniente pagar por obtener buenas notas o ayudar en las tareas domésticas que son responsabilidad de todos en la familia. Si queremos incentivar el gusto por el trabajo, podemos entregar a los niños algún pago por aquellas tareas por las que de todas maneras pensábamos pagar, por ejemplo, cortar el pasto o lavar el auto y debemos controlar que sean realizadas adecuadamente








Muy claros e interesantes los datos proporcionados en un tema tan cotidiano.
Atentamente,
Andrea Rojo